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Piratas y España

Durante tres siglos, la historia de la piratería fue en gran parte la historia de España: del oro y la plata que cruzaban el Atlántico, de las costas que había que vigilar y de los marinos españoles que también salieron al corso.

Pirata, corsario, bucanero, filibustero

Las palabras no son sinónimos, y la diferencia importaba mucho a quien acababa en la horca.

Pirata
Quien roba en el mar por su cuenta, sin permiso de ningún Estado. Enemigo de todos.
Corsario
Marino particular con patente de corso: una licencia de su rey para atacar barcos enemigos en tiempo de guerra. Para su país era un servidor de la Corona; para el enemigo, un pirata.
Bucanero
Originalmente, cazadores de ganado asilvestrado en La Española que ahumaban la carne en un boucan, palabra de origen taíno. Expulsados por las autoridades españolas, muchos se pasaron al saqueo.
Filibustero
Del neerlandés vrijbuiter, «el que busca botín libre». Los aventureros del Caribe del siglo XVII, con base en lugares como la isla de la Tortuga.

La Flota de Indias

Desde mediados del siglo XVI, la plata de Potosí y Zacatecas viajaba a Europa en convoyes protegidos por galeones de guerra: la Flota de Indias. Partían de Sevilla (y desde 1717, de Cádiz), se reunían en La Habana para el viaje de vuelta y cruzaban el Atlántico una o dos veces al año. El sistema funcionó durante más de dos siglos, y casi nunca un pirata logró capturar una flota entera. Lo que sí sufrieron fueron los puertos del Caribe: sin las riquezas de las flotas a su alcance, los asaltantes atacaban las ciudades donde se almacenaban.

Francis Drake, «el Draque» para los españoles, saqueó Santo Domingo y Cartagena de Indias en 1586 y atacó Cádiz en 1587. Henry Morgan tomó Portobelo en 1668 y en 1671 cruzó el istmo para arrasar la ciudad de Panamá. En respuesta, la Corona fortificó sus puertos: el Morro de La Habana, el de San Juan de Puerto Rico y las murallas de Cartagena son herencia directa de aquel miedo.

El Galeón de Manila

Entre 1565 y 1815, la Nao de China unió Manila con Acapulco a través del Pacífico, cargada de seda, porcelana y especias pagadas con plata americana. Fue una de las rutas comerciales más largas y lucrativas de su época, y un objetivo codiciado: el corsario inglés Thomas Cavendish capturó el galeón Santa Ana frente a la Baja California en 1587.

Los corsarios berberiscos

La amenaza no solo venía del Atlántico. Durante los siglos XVI y XVII, corsarios del norte de África, como Barbarroja, asaltaron las costas mediterráneas de España y las Baleares, y se llevaron a miles de personas para pedir rescate o venderlas como esclavas. Por eso el litoral español está salpicado de torres vigía, desde Cataluña hasta Andalucía: desde ellas se avisaba con fuego y humo de la llegada de las galeras.

Corsarios españoles

España también tuvo los suyos, y algunos fueron célebres.

Amaro Pargo (1678–1747)
Nacido en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. Comerciante y corsario al servicio de la Corona en el comercio con América; hoy es una figura casi legendaria en Canarias, rodeada de historias de tesoros escondidos.
Miguel Enríquez (c. 1674–1743)
Corsario puertorriqueño que, con patente española, armó una flota propia contra los barcos ingleses y holandeses del Caribe, y llegó a ser uno de los hombres más ricos del imperio.
Benito Soto (1805–1830)
Gallego, de Pontevedra. Al mando del bergantín Burla Negra fue un pirata sin patente de ninguna clase, uno de los últimos del Atlántico. Fue ahorcado en Gibraltar en 1830.

¿Y los piratas espaciales?

Este dominio es un juego de palabras: spacepirat.es, «space pirates». Pero la historia de los piratas de verdad pasa, una y otra vez, por puertos, flotas y costas españolas. Los del espacio vendrán después.